
Empezando por el principio del comienzo…
Mi comentario o intento de ello va a ser sobre la poetisa Safo, no porque las otras no me hayan interesado sino por otras razones. Primeramente, desde la primera vez en la que entré en el Seminario de Lenguas Clásicas saltó a mi vista algo diferente, un póster colocado a la derecha de la (permítaseme) semipizarra. Yo en esos momentos no sabía quien era (ignorancia estudiantil), así que seguí entrando en el Seminario día a día, caminando con la impresión de que cada día ésa mujer me miraba más. Un buen día mi ignorancia fue interrumpida. Estábamos en catalán y mientras las profesora explicaba cosas yo me distraía (costumbre habitual) y abrí por casualidad la página número treinta del manual de Lengua Catalana y Literatura y para mi asombro, voilà! Ahí estaba la mujer del póster. Y ya no me costó mucho averiguar quién era ya que, en el pie de imagen, ponía: “Suposat retrat de la poetessa Safo”. Así que, ya estaba, la mujer de la mirada incesante se llamaba Safo y yo ya estaba contenta porque ya podía saludarla y llamarla por su nombre cuando tocaba clase.
Una segunda razón por la que he elegido a Safo es porque se parece a mí en algunos aspectos y porque si no me equivoco también es la más polémica.
Las cosas llegan cuando tienen que llegar y no siempre coincide con lo que te propones, así que ahora es el momento (mi momento) de conocer a ésta gran mujer.
La décima musa es la más conocida de todas las poetisas. Goza (desde mi punto de vista) de una poesía sencilla, intimista y sentimental, gran parte de ésta dedicada a mujeres. El por qué se debe a que amó tanto a mujeres como hombres, es decir, era bisexual.
Esto me obliga a hacer la gran reflexión.
En la antigua Grecia ser bisexual era completamente aceptable, Safo escribía versos que eran cantos de amor sin tapujos. Un espíritu libre que adoraba a la diosa Afrodita y a la que le dedicó uno de sus poemas más importantes: Oda a Afrodita.
Teniendo en cuenta también que en la antigua Grecia la mujer gozó prácticamente de los mismos derechos que los hombres, todo parece perfecto.
Pero como todo, nada bueno dura eternamente, los círculos siempre se cierran, así que ya llegaron unos personajes tachándola de depravada, prostituta homosexual (por su círculo de alumnas), prejuzgando su poesía e hipercriticándola malintencionadamente.
Contradicción: sociedad libre, bisexualidad vista como algo natural (que lo es) y empieza a aparecer gente con las discriminaciones.
Llegó a tal extremo todo esto que en el 1073 d.C el Papa Gregorio VII ordenó quemar manuscritos con sus poemas considerándolos inmorales y pecaminosos.
Las contradicciones son incontables.
Por un lado encontramos a un Estrabón (13.2.3) definiendo a Safo como: “Cosa maravillosa” y después llegan a quemar sus manuscritos por inmoral.
Gran Hobbes que decía: “Homo homini lupus” (y que razón tenía). Los prejuicios, la gente la cual tiene una mentalidad radicalísimamente religiosa (en éste caso véase eclesiástica), los analfabetos e incultos hacen de éste nuestro mundo algo bastante indeseable. El pueblo demuestra más que no es capaz de pensar por sí mismo, se deja llevar por corrientes en las que hayan más afiliados o donde vean un líder más apuesto.
La sociedad es capaz de llamar impuro a algo bello e incluso de hacerlo arder para llevarlo a su eterna perdición.
Al releer lo que he escrito me parece que estoy describiendo la sociedad actual, me atrevería a decir que es más que una descripción, es un calco exacto.
En la sociedad actual muchísima gente camina día a día llamándose a sí misma progresista y luego, la cantidad de comentarios que he tenido que oír, mismamente de compañeras mías de: “Las lesbianas, ¡Qué asco! ¡A mí que no me toquen!”. ¿Qué pasa aquí? Ahora resulta que los que se dan de progresistas son los más retrógrados.
En realidad éstos no son los peores, los peores son los que se las dan de aceptarlo y cuando se da un caso cercano dicen: “No, tú no puedes serlo”. Claro, perdone usted, es que nacemos con un cartel colgado del cuello en el que pone si podemos o no decidir nuestra condición sexual.
Pocos son los que aceptan actualmente a la gente que no sigue lo preestablecido, lo corriente, a los que rompen, y mucho menos, a los que sienten cosas distintas o conciben el género como una ilusión meramente clasificadora.
Abreviando, el hombre se corrompe a sí mismo, una vergüenza pero también una realidad. Por suerte, existimos algunos que intentamos por todos los medios evitar que la sociedad nos corrompa.
Leyendo a Safo, su vida y demás (y buscando gracias a nuestro gran “google.com”) me he dado cuenta del paralelismo con la actualidad lo que me lleva a decepcionarme aún más y me siento en la obligación de escribir en mayúsculas: “NO HEMOS AVANZADO CASI NADA”.
